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Abelardo de la Espriella se juramenta como presidente de Colombia

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El mandatario anunció la implementación de una política de seguridad semejante a la que, en su día, pusiera en marcha el expresidente Álvaro Uribe.
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Esta jornada, el ultraconservador Abelardo de la Espriella se juramentó como presidente de Colombia para el período 2026-2030, en un acto celebrado desde un recinto de espectáculos en la ciudad de Cali, lo que ha roto con una tradición largamente instalada en ese país suramericano, donde los mandatarios recibían el mandato en la capital, Bogotá. 

"He venido a cerrar un largo capítulo de resignación nacional y a emprender, junto al pueblo, la transformación más profunda de nuestro destino", apuntó el político, para luego destacar el "profundo significado" de que su primer discurso como jefe de Estado tuviera lugar en el Cantón Militar Pichincha, una importante base militar del Ejército colombiano. "Este lugar honra a quienes conquistaron la libertad y simboliza la presencia de una fuerza pública llamada a custodiarla", consideró.

Aseguró asimismo que la Independencia no es un momento sino un proceso que "debe reafirmarse cada día" mediante valores como "la disciplina, la unidad y el respeto por la ley". Así las cosas, anunció al pueblo colombiano que "ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad"

¿Uribismo 2.0?

Prometió asimismo gobernar "para todos los colombianos" y ejercer sus funciones "desde el servicio, con convicciones claras y un programa sólido", al estimar que "una administración sin principios está inexorablemente condenada al fracaso". 

"El pasado 21 de junio, no ganó un hombre ni un partido: ganó la democracia colombiana. Ganó el derecho de millones de colombianos de decidir libremente el destino de la nación, ganó la posibilidad de que Colombia transite por el camino de la libertad, de las instituciones y del estado de derecho, lejos del abismo de los modelos totalitarios bolivarianos que tanto sufrimiento han causado a nuestra región", dijo, para desmarcarse radicalmente de la agenda que caracterizó la gestión de su antecesor, Gustavo Petro

Como contrapunto, enalteció la figura del asesinado candidato Miguel Uribe Turbay, así como la política de seguridad implementada durante la gestión del expresidente Álvaro Uribe Vélez (2000-2008), pese a que ella dio lugar a violaciones masivas de los derechos humanos y al asesinato de miles de personas inocentes, a las que se sindicó falsamente de pertenecer a las insurgencias armadas de izquierda. 

"Reafirmo mi intención de derrotar sin tregua al narcoterrorismo y a todas las organizaciones criminales que amenazan la libertad de Colombia […]. Ha llegado la hora de la recuperación total de la seguridad y de la libertad. Le imparto desde aquí, a las fuerzas militares y de policía, la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales. Los integrantes de las bandas criminales y del narcoterrorismo tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado colombiano", instruyó. 

El enemigo interno

En esa línea, anunció la reanudación de las fumigaciones de cultivos ilícitos como política para reducir la producción de hoja de coca, así como la publicación de la lista de "grupos narcoterroristas", para, según dijo, dotar a las fuerzas del orden "de instrumentos eficaces para el combate frontal crimen", visto que, a su parecer, "la opción del diálogo está completamente agotada"

"El Estado, históricamente, fue suficientemente noble. El Estado, bajo el régimen que ha terminado, fue suficientemente cómplice. En la era de 'El Tigre' –como se conoce al mandatario– será contundente y certero contra el crimen", alegó. 

A lo dicho sumó las promesas de construir "megacárceles destinadas a recluir a quienes representan la mayor amenaza para la seguridad del pueblo", de proteger a policías y militares por medio de "garantías jurídicas para que no sean perseguidos por cuenta del cumplimiento de su deber" y de "revisar, con absoluto rigor, la naturaleza y los efectos de una Jurisdicción [Especial de Paz] que nació desconociendo la voluntad popular". 

"La reconciliación no se edifica sobre el olvido ni sobre la absolución ilegítima de la violencia. La verdadera reconciliación descansa sobre la dignidad de las víctimas, el imperio de la ley y la certeza de que, en Colombia, ningún crimen atroz volverá a ser tratado con guantes de seda por parte del Estado", redondeó. 

Antes de asumir el cargo, De la Espriella aseveró que le pondría fin a la política de "paz total" implementada Petro, que liberalizaría la economía, que impondría disciplina fiscal, que retomaría la explotación masiva de hidrocarburos, que estrecharía los lazos bilaterales con EE.UU. y reanudaría las relaciones diplomáticas con Israel, que el entonces presidente suspendió tras denunciar los ataques de Tel Aviv contra la población civil en la Franja de Gaza, a los que calificó repetidamente de "genocidio". 

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