Las elecciones que se celebrarán en Colombia este domingo 31 de mayo plantean varios focos de atención prioritarios que definirán el nuevo panorama político nacional. Un recordatorio de lo que fueron los resultados de las presidenciales de 2022 permite establecer un rasero para evaluar los guarismos de esta primera vuelta, cuando oficialmente sean divulgados.
El primer foco está puesto, por supuesto, en Iván Cepeda, candidato de la coalición oficialista Pacto Histórico. El debate analítico en este punto gira en torno a la viabilidad institucional de resolver la elección en la primera jornada o a la necesidad de acudir a una segunda vuelta electoral.
Según el artículo 190 de la Constitución Política de Colombia, para ganar la presidencia en primera vuelta se requiere obtener la mitad más uno de los votos emitidos. El umbral histórico de referencia nos remite obligatoriamente a las elecciones de 2022, cuando el actual presidente, Gustavo Petro, obtuvo el 40,3% de los sufragios en la primera vuelta y posteriormente ascendió a un 50,4% en el balotaje.
Ese crecimiento estimado de 10 puntos porcentuales puede sugerir la capacidad del progresismo para aglutinar sectores de centro, liberales y también abstencionistas crónicos. Superar o no aquel listón del 40 % es el criterio técnico para evaluar la capacidad de retención del voto de la izquierda y medir su potencial de consolidación, de cara a las alianzas necesarias para una eventual segunda vuelta.
El segundo foco se dirige hacia la configuración de las fuerzas que aspiran a consolidarse como la alternativa de oposición, convirtiéndose en uno de los debates conceptuales más significativos de la presente campaña.
El segundo foco se dirige hacia la configuración de las fuerzas que aspiran a consolidarse como la alternativa de oposición, convirtiéndose en uno de los debates conceptuales más significativos de la presente campaña. Básicamente, toda la atención se la ha llevado la fuerte diatriba entre dos propuestas con bases programáticas orientadas hacia la derecha y el espectro conservador. Estas presentan visiones diferenciadas sobre cómo articular este sector.
Por un lado, Abelardo de la Espriella, postulado por Defensores de la Patria con el respaldo del Movimiento de Salvación Nacional, plantea atraer la atención ciudadana mediante un discurso crítico hacia los partidos tradicionales.
Su estrategia discursiva apela a enfoques de seguridad y reformas profundas al aparato estatal, un modelo que diversos analistas comparan formalmente con corrientes políticas contemporáneas de la región, tales como las implementadas por los presidentes Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina o Daniel Noboa en Ecuador.
Esta retórica de confrontación al sistema tradicional evoca los acontecimientos de 2022, cuando Rodolfo Hernández, con un verbo "incorrecto" y una plataforma fundamentada en el cuestionamiento partidista y contra los políticos tradicionales, logró acceder con facilidad a la segunda vuelta presidencial, dejando al uribismo "herido de muerte".
El uribismo se juega su supervivencia
Este replanteamiento de los liderazgos conservadores sitúa el tercer foco directamente sobre el uribismo tradicional o clásico, colectividad que busca su reafirmación política a través de la plataforma del Centro Democrático.
En el ciclo electoral de 2022, el partido uribista experimentó una coyuntura compleja, tras el retiro de su aspirante inicial y el posterior apoyo a la candidatura de Federico 'Fico' Gutiérrez, quien no logró acceder al balotaje.
En el actual escenario de 2026, bajo la candidatura de Paloma Valencia —ganadora de la consulta interpartidista de su sector—, la organización ha adoptado una estrategia de apertura conceptual.
Valencia, quien es reconocida por su verbo ideológico y radical de derecha, ha implementado acercamientos con corrientes de origen liberal y liderazgos de centro, como Juan Daniel Oviedo, un liberal poco potable para el conservadurismo, quien irá en la fórmula como vicepresidente después de quedar segundo en las primarias, con el objetivo explícito de ampliar el espectro social del partido y presentar una plataforma de convergencia moderada.
La concurrencia de los ciudadanos a las urnas este domingo operará también como un mecanismo de balance sobre las políticas del actual gobierno, en un contexto geopolítico regional donde las fuerzas izquierdistas han sido superadas electoralmente por las derechas.
El reto analítico para esta colectividad radica en determinar si esta apertura hacia posiciones más centristas e inclusivas logrará amalgamar al electorado tradicional frente a las propuestas de derecha que optan por discursos más radicalizados, que suelen ser más efectivos para ganar un puesto en el balotaje, aunque después resulten insuficientes para imponerse.
El cuarto y último foco se centra en la evaluación general del legado y la gestión del presidente saliente, Gustavo Petro. El periodo presidencial que culmina estuvo caracterizado por una intensa oposición política que trató de derribarlo en varias oportunidades, sin éxito.
Al carecer de una mayoría absoluta consolidada en el Congreso de la República, el Ejecutivo enfrentó serias dificultades y debates para tramitar sus reformas sociales, de salud y laborales, lo que pone de manifiesto la fortaleza del Legislativo para impedir cambios sociales.
En el plano internacional, la administración de Petro también navegó en un entorno de tensiones debido a las posturas críticas adoptadas por actores de la política global, como el presidente de EE.UU., Donald Trump, y parte importante de su alto funcionariado. Por consiguiente, la concurrencia de los ciudadanos a las urnas este domingo operará también como un mecanismo de balance sobre las políticas del actual gobierno, en un contexto geopolítico regional donde las fuerzas izquierdistas han sido superadas electoralmente por las derechas.
Así las cosas, son variados los elementos que se estarán midiendo este domingo. Los resultados de la cita comicial van a producir una nueva jerarquización de las fuerzas políticas colombianas. Independientemente de lo que ocurra en el balotaje, esta primera vuelta permitirá reevaluar lo que ha acumulado cada sector, su capacidad para mantener la votación y también para adherir nuevos seguidores.


